Está en librerías la obra de Luis Landero, bajo el sello Tusquets, Coloquio de invierno, en la cual, aislados y sin conexión en un refugio, varios personajes cuentan historias nunca antes confesadas.
Siete personajes se quedan atrapados en un hotel rural durante la tormenta de nieve Filomena. Sin cobertura ni conexiones, pero sí con víveres, deciden animar la espera contándose historias, y de ese diálogo, al que se suman los dos hosteleros, saldrán anécdotas que ocuparán ritualmente cada sobremesa, y que no solo les permitirán conocerse entre sí, sino también debatir y aprender de las vidas de los otros.
Con el dominio magistral del relato oral de un autor como Landero, las historias que se cuentan estos desconocidos pronto se convierten en confesiones de sus peripecias vitales hechas al calor del momento, experiencias que les han marcado de por vida, que se complementan y entrelazan con auténtica intriga y emoción.
Homenaje a las novelas dialogadas clásicas, pequeño Decamerón de nuestros días y sucesión cervantina de relatos ejemplares, Coloquio de invierno es una delicia literaria de principio a fin, el regalo de un escritor que ha afianzado libro a libro su condición de clásico contemporáneo.
Todos los personajes de esta novela se convierten en narradores. Cada uno comenta lo que acaba de relatar otro; o interrumpe, apostilla algo, expone sus opiniones.
Narraciones y juicios, anécdotas e ideas se suceden de una manera fluida en el libro. Con sobriedad, sin artificio, con mesura.
Luis Landero escribe desde los 15 años. A los 41 debutó como novelista con Juegos de la edad tardía y ganó el Premio Nacional de Narrativa. También tiene el Premio Nacional de las Letras Españolas, entre otros galardones.
En entrevista con XL Semanal decía que “…las relaciones humanas se han deteriorado mucho debido al móvil y a Internet. No se habla como antes. Esa es la razón por la que he escrito Coloquio de invierno, porque se están perdiendo las relaciones humanas. Sin embargo, si a mi nieto que está enganchado al móvil se le acerca otro niño, entonces se pone a hablar con el niño. El mejor juguete para un niño es otro niño. Pero sí se han perdido esa calidez en las relaciones humanas, el gusto por contar, la lentitud y el silencio. También me siento de esta época y quiero participar del presente, pero culturalmente me siento desarraigado, porque mis referentes culturales están un tanto descatalogados ya.
Coloquio de invierno ronda por los sueños incumplidos en la vida, el fracaso, el amor… asuntos muy landerianos.
