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Lo que no tiene nombre, a teatro

Con una propuesta escénica que aborda la relación entre una madre y su hijo, la enfermedad mental, el duelo, la memoria y el poder del arte para intentar nombrar aquello que parece imposible de expresar con palabras, La Congregación Teatro presenta “Lo que no tiene nombre”, la nueva creación inspirada en el libro homónimo de Piedad Bonnett, con adaptación y dirección de Johan Velandia.

A través de un lenguaje interdisciplinario que integra teatro, música, poesía y artes visuales, el montaje trasciende la adaptación literaria para convertirse en una experiencia sensorial profundamente humana. En temporada en el Teatro Petra, del 9 al 19 de septiembre, con funciones de miércoles a sábado.

La obra sigue el doloroso recorrido de una madre que, tras el suicidio de su hijo, emprende una búsqueda para reconstruir quién fue, comprender su enfermedad y acercarse a las circunstancias que pudieron conducirlo a tomar esa decisión.

Johan Velandia y La Congregación Teatro construyen una lectura teatral propia a partir del material publicado por Piedad Bonnett, quien no participó en el proceso creativo de la puesta en escena, una decisión que buscó preservar su intimidad, la de su familia y la memoria de Daniel.

La adaptación selecciona aquellos momentos que permiten revelar la humanidad de los personajes, el recorrido de la enfermedad, el universo creativo del protagonista y el intento de una madre por reconstruir, desde el amor y la memoria, la vida de quien ya no está.

La puesta en escena tampoco sigue la estructura lineal del texto original. El tiempo avanza y retrocede, los recuerdos aparecen de manera fragmentada y las escenas se articulan a través de imágenes, palabras, música y acciones físicas. Donde, la figura de la madre no pertenece exclusivamente a una actriz ni la del hijo a un único intérprete. Victoria Hernández, Natalia Coca, Laura Ángel y Catalina Gil encarnan en distintos momentos a la madre y a otros personajes, mientras Juan José Villalobos y Cristian Ruiz transitan por la figura del hijo.

Esta multiplicidad, que Velandia vincula con la construcción coral del teatro griego, permite ampliar la historia más allá de sus protagonistas y reflejar a otras familias atravesadas por experiencias semejantes.

A nivel estético, “Lo que no tiene nombre” construye un diálogo permanente entre diferentes lenguajes artísticos que convergen para dar forma a la puesta en escena. La escritura de Piedad Bonnett es uno de sus ejes y, junto a fragmentos del libro, se incorporan poemas de la autora, que dan cuenta de su genialidad literaria.

La música ocupa también un lugar esencial, el paisaje sonoro retoma algunos de los gustos musicales de Daniel Segura, hijo de Piedad Bonnett y pintor, e incorpora canciones interpretadas en vivo por el elenco. A este entramado se suma su obra pictórica, que se convierte en referente para la construcción de imágenes, objetos y espacios escénicos. Bajo la dirección de arte de Laura Lizarazo, el escenario se plantea como un espacio sobrio y minimalista, en el que el vacío tiene un papel determinante y cuya estructura se transforma para acompañar los distintos momentos del relato.

“Para mí, Lo que no tiene nombre transita por tres grandes lugares: lo humano, donde están la familia, el amor de madre y el vínculo con el hijo; la salud mental, con todo lo que implica la enfermedad y su acompañamiento; y lo artístico, donde se encuentran la literatura, la pintura, la música y el teatro”, explica el director Johan Velandia.

Y es desde estos tres territorios, que La Congregación Teatro construye una puesta profundamente teatral en la que la memoria, la ausencia y el amor encuentran, a través del arte, nuevas formas de permanecer.

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