Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria invita a conocer el contra-monumento y a recorrer la exposición Balsa, que aborda la tragedia de la migración como experiencia vital, política y simbólica. A través de cuatro grandes pinturas sobre lubugo, textil tradicional de Uganda, el artista rinde homenaje a migrantes y refugiados, y reflexiona sobre las desigualdades, el racismo y la resiliencia humana.
Balsa, del artista nacido en Kenia Michael Armitage, reflexiona sobre la tragedia de la migración como fenómeno global. Inspirado en sucesos históricos y realidades sociopolíticas concretas –en este caso, las experiencias de quienes intentan llegar a Europa atravesando el Sahara y el Mediterráneo–, el artista alude al mismo tiempo a la dimensión universal de la migración como experiencia humana.
Las cuatro pinturas que conforman esta serie representan figuras poderosas y a la vez vulnerables, que encarnan el sufrimiento y la resiliencia. En estas obras, Armitage plantea un cuestionamiento acerca del exilio, el desarraigo, el duelo y la ruptura cultural.
Esta serie de pinturas surge como respuesta a las tragedias sufridas por migrantes, como la historia de una joven eritrea secuestrada por una milicia en Libia durante su travesía hacia Europa, o el naufragio de un barco de refugiados en Lampedusa en 2013 –donde murieron al menos 368 personas–, o bien la estremecedora imagen de Aylan Kurdi, el niño sirio de tres años que falleció ahogado junto a su madre y su hermano en un intento desesperado por alcanzar Europa y huir de la guerra.

Armitage es reconocido como una de las voces más relevantes de la pintura contemporánea, dada la complejidad técnica, la riqueza formal de su obra y el hecho de que en ella la figuración adquiere un carácter casi mítico.
Su propuesta establece un diálogo entre la cultura visual contemporánea y la historia del arte: sus referentes incluyen a Goya, Tiziano, Manet y Gauguin, así como el legado de la pintura moderna, en un movimiento constante que se aproxima a la par que se distancia de la tradición cultural de Occidente. Al mismo tiempo, su obra se nutre de influencias del África oriental, entre ellas, las de Theresa Musoke, Jak Katarikawe y Chelenge Van Rampelberg.
Estas pinturas de gran escala son emocionalmente intensas: imágenes de colores oscuros y profundos, atravesadas por fuertes contrastes, visceralidad y múltiples capas de realidad, en las que irrumpen elementos desestabilizadores.
Armitage emplea como soporte el lubugo, un textil tradicional de Uganda, elaborado a partir de una corteza de árbol mediante una técnica con siglos de historia. Se trata de una tela ceremonial para la etnia baganda, empleada como mortaja en sus ritos funerarios. El material, con sus visibles suturas e irregularidades, determina también las decisiones formales y aporta una carga simbólica que sitúa geográficamente la obra.
En el diálogo entre sus pinturas y este espacio de arte y memoria se articulan una conmemoración y un homenaje a migrantes y refugiados, así como a quienes han perdido la vida en ese tránsito: hombres, mujeres y niños valientes, borrados y abandonados. Sus historias están atravesadas por desigualdades estructurales, racismo sistémico e injusticias ambientales y sociales. La crisis migratoria evidencia las fisuras de los mitos democráticos y humanitarios de Occidente.
La propuesta artística de Armitage es una forma de habitar y experimentar el mundo, pero también una materialización capaz de impactarlo. Su obra señala el camino de regreso a la comunidad, a la construcción colectiva, a la recuperación de un sentido de humanidad y a una experiencia universal compartida.
Esta exposición estará abierta hasta el 18 de enero en la Carrera 7 n.º 6b-30 Bogotá.


