En una entrevista reciente, la joven escritora mexicana Gilraen Earfalas desglosó la esencia de su libro de poemas “Desfibrilador”, una obra que fusiona la sensibilidad literaria con una aguda perspectiva clínica.
Earfalas, cuyo seudónimo es un guiño a su amor por la literatura, aunque de profesión es médica, define la poesía como el arte de “inmortalizar un momento por medio de las palabras, dejar ahí el sentimiento, el corazón”.
Esta concepción se materializa en “Desfibrilador”, donde cada verso es un latido que explora temas clínicos y emocionales con una profundidad conmovedora.

El libro, editado por Planeta, es definido por Earfalas como un “juego” entre su parte profesional y literaria, con un diseño meticuloso que incluye instrumentos médicos, electrocardiogramas, bosquejos del corazón, separadores de color rojo y cada día un epígrafe que resuena en la mente del lector. “A quién hospitalizan por tristeza?”, “¿Cuántos corazones sanaste y no hubo quien rescatara el tuyo?”.
Además, los versos se extienden a lo largo de las páginas, dejando espacios en blanco intencionados que invitan a la reflexión y a la “respiración” del lector. Inspirada en los libros españoles, la autora busca crear una experiencia de lectura que sea tanto visual como auditiva, ya que sus poemas están diseñados para ser leídos en voz alta, revelando nuevas capas de significado.
La obra inicia con una hoja de ingreso al servicio de urgencias, donde una paciente es admitida por “sintomatología de corazón roto”. A lo largo de nueve días, el lector es testigo de una historia contada a través de dos voces: la de la paciente y la del médico. La trama revela un giro inesperado.

La elección de nueve días para la duración del internamiento, aunque sin un motivo específico para el número, culmina en un “alta voluntaria”, un concepto que Earfalas encuentra “conflictivo” y que fue inspirado por una experiencia personal. La escritora relata cómo un paciente, al borde de la muerte, regresó a la vida gracias a un desfibrilador y, a los tres días, solicitó el alta voluntaria. Esta anécdota no solo da nombre al libro, sino que también subraya la complejidad de la relación médico-paciente y la autonomía del individuo.
“Desfibrilador” no escatima en la expresión del dolor. Earfalas utiliza la hipérbole para describir sentimientos intensos, como el deseo de “arrancarse los ojos” o la sensación de que las palabras duelen.
La poesía, para ella, es el vehículo perfecto para estas “exageraciones maravillosas”, que permiten al lector conectar con la complejidad de las emociones humanas. Sin embargo, la obra no solo se sumerge en el sufrimiento; también ofrece un acompañamiento al lector, una promesa de estar presente “hasta que pase el dolor”, sin pretender ser un analgésico o una solución mágica.
Un aspecto notable del libro es la exploración de conflictos personales y filiales de la protagonista. El poema “Flebotomía” ilustra cómo la búsqueda de amor, especialmente la carencia de una figura paterna, lleva a la paciente a “drenarse” emocionalmente, dejando “partes en otros hombres” en su afán de encontrar afecto. Esta búsqueda la conduce, irónicamente, a los brazos del médico que le rompe el corazón.
Más allá de la narrativa personal, “Desfibrilador” se erige como una crítica social y una reflexión sobre el sistema de salud. Earfalas, quien ejerció la medicina, incorpora su “pizquita de sal” al cuestionar la sobrecarga de trabajo de los médicos y la deshumanización que a veces acompaña a la profesión.
La autora no teme abordar temas controvertidos, como la práctica de “ponerle aminas” a un paciente moribundo para que fallezca en el siguiente turno y así evitar firmar un acta de defunción. Esta cruda realidad, que Earfalas revela como un “secreto” de la práctica médica, expone la deshumanización y el “jugar a Dios” que algunos profesionales pueden llegar a practicar.
Gilraen Earfalas, quien ha incursionado también en la narrativa con novelas como “Eres el amor de mi otra vida” y “No me llames loca”, ha decidido dedicarse por completo a la escritura, dejando atrás su carrera médica. Para ella, tanto la medicina como la poesía son “celosas” y demandan una dedicación total. Su estilo narrativo, profundamente poético y visceral, ha sido elogiado por algunos lectores y ha generado controversia en otros, pero Earfalas se mantiene firme en su visión artística.
En su reciente visita a Colombia, Earfalas se mostró gratamente sorprendida por la cálida acogida del público, destacando la asistencia a sus talleres y la emotividad de los encuentros con sus lectores en la FILBo.
La autora, quien se declara “enamorada” de la diversidad gastronómica colombiana, espera regresar pronto. Con “Desfibrilador”, no solo ha creado un libro de poemas, sino una experiencia inmersiva que invita a la reflexión sobre el dolor, el amor, la medicina y la complejidad del ser humano.


