Tejiendo un conmovedor diálogo entre José, un niño que atraviesa la pérdida de su abuelo, y Kibú, un perro siberiano que ha perdido a su dueña, ambos personajes logran reconocer y abrazar el dolor del otro. Así es esta obra de la escritora argentina Paula Bombara, bellamente ilustrada por el artista mexicano Luis San Vicente.
Kibú, libro de literatura infantil y juvenil (LIJ), publicado bajo el sello de Panamericana Editorial, une los duelos y las ausencias, a través de la ventana.
José y Kibú se observan a través del vidrio de la perrera; cada uno tiene sus recuerdos y sus tristezas, pero a la vez, intuyen el dolor del otro y se preocupan por él.
La génesis de la historia parte de una profunda observación de la autora hacia el desarraigo. Bombara explica: “Elegí un perro siberiano pues cada vez que los veo paseando por las calles de Buenos Aires, mi ciudad, me pregunto si se sentirán cómodos tan lejos del paisaje que les da el nombre (…) Lo mismo me sucede cuando voy a un encuentro lector cerca de mi casa y conozco a niños o niñas que son de lugares lejanos y me lo cuentan, me pregunto cómo se sentirán y por qué habrán tenido que mudarse”.

Sencillez para sanar el duelo
Bombara y San Vicente nos presentan una prosa tranquila, cálida y acogedora, logrando que la tristeza y la melancolía se sientan cotidianas.
Para habitar este relato, Bombara confiesa que intentó “ponerse en los zapatos de José y en las patas de Kibú”, apelando a la simpleza: “Muchas veces las palabras más simples son las que mejor expresan los sentimientos profundos, así que fui en busca de frases sencillas y sinceras”.
El libro plantea, además, una fuerte crítica a la tendencia adulta de intentar cubrir las ausencias con objetos, como lo sugiere la narrativa que nos narra las comodidades de la perrera intentando suplir el bienestar emocional de Kibú con objetos materiales: “En muchas ocasiones creemos que la solución a una ausencia está en compensarla con comidas, con regalos, con objetos. A la vez sabemos que cuando estamos tristes lo que más necesitamos es que nos brinden tiempo de calidad, amor, abrazo, escucha”, afirma la escritora.
Una sensibilidad compartida: infancia y mundo animal
Para la autora, existe un puente natural de comunicación entre los niños y los animales, una “antena” de observación que los adultos suelen perder. “Cuando vemos cachorros de diferentes especies mirarse entre sí, es evidente que su curiosidad, su entusiasmo, su dependencia y su vulnerabilidad es muy parecida”, señala, agregando que se resiste a perder esa capacidad de extrañamiento.
Kibú es, en esencia, una historia sobre cómo el reconocimiento del dolor ajeno ayuda a sanar el propio.
La trama nació de la intriga de Bombara sobre si un animal puede ser tan sensible al dolor humano como nosotros lo somos con ellos: “decidí que Kibú sí lo fuera: él siente y comparte con José esa necesidad de encuentro y de alegría”.

La memoria como motor de la empatía
La sensibilidad de Paula Bombara frente al duelo infantil no es casual; está íntimamente ligada a su propia historia. Durante la última dictadura cívico-militar en Argentina, su padre fue secuestrado y desaparecido, y tiempo después, ella y su madre también sufrieron el secuestro por parte de las fuerzas estatales.
“Como imaginarás, estos hechos dejaron una marca muy profunda en mi vida y me sensibilizaron para siempre frente al dolor que le provoca a un niño, a una niña, el no saber o no entender qué está pasando y qué sucederá después”, comparte la autora. “A través de mi trabajo intento dar respuestas que conduzcan a pensar en que algo bueno aparecerá de un modo u otro y dará fuerzas y herramientas para seguir adelante”.
Con el respaldo de escritoras esenciales en su infancia como María Elena Walsh, Graciela Montes y Laura Devetach, Bombara ha construido una voz propia y sanadora. Con Kibú, espera que las familias encuentren un espacio de diálogo: “Me gustaría que la historia sembrara palabras y ánimos para pronunciar alguna pregunta, o decir alguna reflexión, que no podían formular antes porque no sabían cómo”.
Con Kibú, Paula Bombara demuestra, una vez más, que la literatura es ese puente invisible capaz de sanar las ausencias, recordándonos que, al igual que los personajes de su historia, todos buscamos a alguien que nos mire a través del vidrio y decida quedarse a nuestro lado.


