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El pabellón del oído, en temporada

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En temporada de estreno, con funciones de miércoles a sábado hasta el 31 de octubre, no se pierda El Pabellón del Oído, la nueva creación del Teatro Petra, con la dirección y dramaturgia de Fabio Rubiano.

Una comedia hilarante y desbordada sobre dos personas que se quieren, aunque parezca que se odian (¿o al contrario), que pone la mirada sobre la relación entre quien cuida y quien necesita ser cuidado.

Narra la historia de una madre y una hija que han compartido toda una vida y cuya convivencia ha derivado en una relación atravesada por el afecto y la dependencia, la compañía y la obligación, hasta hacer cada vez más difícil distinguir dónde termina una y comienza la otra.

La obra transcurre durante un día en la vida de estos dos personajes: Esther, una mujer de alrededor de 90 años, interpretada por Juanita Cetina, e Ida, su hija cercana a los 60, interpretada por Marcela Valencia o Javier Riveros.

En esta casa, doña Ester toma las decisiones sobre la comida, la distribución del espacio, el vestuario, el orden, los horarios, los remedios, el futuro y hasta los recuerdos. Ida obedece —aunque primero se niegue a hacerlo—, asumiendo que en un futuro será cabeza de familia y tomará las decisiones cuando obtenga el trono. Sin embargo, en este caso, tomar el trono no significará gobernar sobre nadie, sino simplemente sobre sí misma, que ya es bastante.

Ida ha permanecido junto a su madre durante décadas y ha postergado su propia vida para cuidarla. Pero esta es una fecha especial y solo pide una cosa: “Tener un día para ella sola”. La madre no concibe que su hija pueda, quiera o deba estarlo. Mientras las horas avanzan, a la casa llegan visitas: la tía, hermana de doña Ester; don Felipe, el señor de servicios generales; el doctor Darwin, un pretendiente; y hasta la policía. Al mismo tiempo, salen a la superficie reclamos, frustraciones, recuerdos y heridas familiares. En esa convivencia extrema, madre e hija han desarrollado un lenguaje propio. La obra deja abierta la duda de si estas personas realmente entraron a la casa, si existieron, si ellas salieron o si todo es producto de una necesidad por compartir con alguien más, por construir situaciones y motivos para discutir, para vivir y para enfrentar lo que queda de vida.

Rubiano parte de una inquietud alrededor de quienes deciden permanecer junto a sus padres durante la vejez y de las relaciones que se mantienen tras décadas de convivencia.

La obra observa el cuidado no solamente como un acto de amor o una obligación, sino como una decisión vital atravesada por contradicciones: querer permanecer y querer escapar, desear un momento de libertad y, al mismo tiempo, temer profundamente la ausencia del otro. Sin embargo, la posibilidad de liberarse de esa responsabilidad tampoco resulta sencilla. En este caso, la cercanía de la muerte para cualquiera de las dos mujeres abre una pregunta inquietante sobre qué queda cuando cuidar al otro se ha convertido en el sentido mismo de la existencia.

El pabellón del oído no renuncia al humor. Rubiano plantea una obra profundamente dramática que evita convertirse en un relato solemne y lleva situaciones reconocibles hasta extremos extravagantes para hablar de una forma de familia, y de una forma de amor, no del amor romántico, ni siquiera del filial. Es sobre el amor a estar aquí, vivos y vivas, con la pasión por la confrontación.

La propuesta se sostiene sobre una base cercana al realismo, pero la relación entre las protagonistas puede alcanzar momentos desmesurados y absurdos. La puesta en escena acompaña esa tensión: el espacio propone una casa detenida en el tiempo, con una estética hiperrealista marcada por muebles antiguos, manteles, cortinas, tapetes, radiola, teléfono fijo y objetos que remiten a décadas pasadas.

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