El crecimiento acelerado de los pagos digitales en América Latina está transformando la forma en que consumidores y empresas realizan transacciones, pero también está ampliando las oportunidades para el fraude financiero.
AppGate explica por qué las organizaciones financieras deben evolucionar hacia estrategias de prevención más proactivas, capaces de proteger tanto los recursos como la confianza de los clientes sin afectar la experiencia digital.
La digitalización financiera en la región continúa expandiéndose a gran velocidad. Según el estudio “Más allá del dinero en efectivo: la revolución de los pagos digitales en América Latina y el Caribe” del Banco Interamericano de Desarrollo, en 16 de los 17 países analizados al menos el 50% de las personas ya prefiere pagar digitalmente en lugar de utilizar efectivo. A esto se suma que los métodos de pago electrónicos representan el 60% del gasto total de consumo en Latinoamérica, de acuerdo con PCMI.
“El fraude digital ya no es únicamente un problema tecnológico, sino un riesgo directo para el negocio. Más del 70% de los ataques comienza fuera del core bancario, mediante esquemas como phishing o el uso de credenciales comprometidas, lo que demuestra que detectar una transacción sospechosa es insuficiente” explica David López Agudelo, vicepresidente de ventas para Latinoamérica de AppGate, quien agrega: “las organizaciones también deben asumir que la identidad del usuario puede haber sido comprometida antes de interactuar con los sistemas financieros. En muchos casos, el usuario ya entregó sus credenciales o su información personal, lo que obliga a las instituciones financieras a adoptar modelos de prevención más inteligentes que permitan anticipar amenazas sin generar fricción innecesaria para el usuario”.
Durante años, muchas organizaciones han centrado su estrategia antifraude en el monitoreo transaccional tradicional. Si bien esta práctica sigue siendo fundamental para identificar comportamientos sospechosos, el fraude actual exige un enfoque más amplio, apoyado en datos, inteligencia artificial y análisis de comportamiento que permita detectar riesgos antes de que la transacción ocurra. Esto implica reconocer que el fraude comienza incluso antes de que el usuario ingrese a las plataformas, en etapas como la suplantación de marca, campañas de phishing o ingeniería social, por lo que las estrategias de prevención deben ser capaces de identificar señales de riesgo antes del login.
Algunos elementos clave que las organizaciones deben considerar al fortalecer sus estrategias de prevención de fraude son:
- Evolucionar de un modelo reactivo a uno proactivo, donde el monitoreo transaccional se complemente con análisis de comportamiento y evaluación continua del riesgo.
- Aprovechar los datos y la inteligencia artificial para identificar patrones sospechosos y anticipar amenazas antes de que se materialicen en pérdidas financieras.
- Reducir la fricción para el usuario, aplicando controles de seguridad basados en riesgo que eviten autenticaciones innecesarias o bloqueos injustificados.
- Fortalecer la trazabilidad y capacidad de respuesta, aspectos cada vez más relevantes frente a las exigencias regulatorias y de auditoría.
Los especialistas destacan que fortalecer la prevención del fraude requiere integrar estos elementos en una estrategia capaz de detectar amenazas desde su origen, como campañas de phishing o suplantación de marca, hasta el momento de la transacción, reduciendo pérdidas sin afectar la experiencia del usuario. Desde AppGate señalan que esto implica combinar inteligencia de amenazas, análisis de riesgo y autenticación adaptativa en una visión unificada que permita anticipar ataques y responder en tiempo real.
“La prevención de fraude debe entenderse como una inversión estratégica para la continuidad del negocio. Más allá de evitar pérdidas financieras, se trata de proteger la confianza del cliente y garantizar que la transformación digital de las instituciones financieras sea sostenible en el tiempo”, concluyó el vicepresidente de ventas para Latinoamérica de AppGate.


