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Nutrición, parte fundamental en tratamiento de cáncer

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Cuando Angela acudió a la mamografía, lo hizo solo por cumplir el requerimiento del médico general, aunque desde los 65 años no le hacían ni citología ni ningún otro examen de control ginecológico.  

Ella esperaba la cita de un especialista en gastroenterología, pues presentaba sangrado al ir al baño, así que este examen era solo parte del proceso. La sorpresa de la detección de una masa en el seno y la consiguiente biopsia la pusieron más nerviosa.  

Había bajado de peso pero lo atribuía a su malestar gástrico. Tomaba sus medicamentos para la hipertensión, la fibrilación auricular permanente, anticoagulante y demás dosis diarias que la mantenían estable y con ánimo para ir a hacer yoga y otras actividades para personas de la tercera edad, a través de un programa de adulto mayor de Cafam. 

Sin embargo, la confirmación del cáncer de seno la perturbó por completo. Su ánimo decayó y su apetito aún más. 

La definición le pareció tan teórica y lejana, que no entendió la dimensión.  

Según la Organización Mundial de Salud explica: “Cáncer es un término genérico utilizado para designar un amplio grupo de enfermedades que pueden afectar a cualquier parte del organismo; también se habla de «tumores malignos» o «neoplasias malignas». Una característica definitoria del cáncer es la multiplicación rápida de células anormales que se extienden más allá de sus límites habituales y pueden invadir partes adyacentes del cuerpo o propagarse a otros órganos, en un proceso que se denomina «metástasis». La extensión de las metástasis es la principal causa de muerte por la enfermedad”. 

De acuerdo con el informe dado a conocer en julio de 2026 por parte de la Organización Mundial de Salud, el cáncer es la principal causa de muerte en todo el mundo: en 2024 se atribuyeron a esta enfermedad casi 10 millones de defunciones.  

Según la entidad, los cánceres más comunes en 2024, por lo que se refiere a los nuevos casos, fueron los siguientes: 

  • Pulmón (2,6 millones de casos); 
  • Mama (2,4 millones de casos); 
  • Colorrectal (2,0 millones de casos); 
  • Próstata (1,5 millones de casos); 
  • Piel (distinto del melanoma) (1,1 millones de casos); y 
  • Gástrico (1,0 millones de casos). 

Para Angela, de 82 años, fue un dictamen doloroso y poco entendible: diagnóstico de cáncer de mama.  

Según la Organización Panamericana de Salud, el cáncer de mama es el tipo de cáncer más frecuente y la causa más común de muerte por cáncer en mujeres a nivel mundial. 

Las Américas representaron casi una cuarta parte de los nuevos casos de cáncer de mama a nivel global en 2022, con más de 525.000 casos nuevos. En América Latina y el Caribe, la proporción de mujeres afectadas por la enfermedad antes de los 50 años (31%) es mucho mayor que en América del Norte. De manera similar, el 21% de las muertes por cáncer de mama en América Latina y el Caribe se dieron en mujeres menores de 50 años, en comparación con el 10% de las muertes en América del Norte. 

Para Angela, se activó el protocolo de la red oncológica y la enviaron a especialistas: oncólogo, cardiólogo, mastólogo, nutrición, sicología y cuidados paliativos. Un programa integral liderado por la Nueva EPS y designado a la institución OncoLife. Las autorizaciones y citas tomaron su tiempo.  

Tratamiento y nutrición 

Para tratar de forma adecuada y eficaz un cáncer es fundamental acertar con el diagnóstico, ya que cada tipo de cáncer requiere un tratamiento concreto.  

Algunos tratamientos utilizados son las intervenciones quirúrgicas, la radioterapia y la terapia sistémica (quimioterapia, tratamientos hormonales, tratamientos biológicos dirigidos). Para seleccionar la pauta terapéutica correcta se deben tener en cuenta tanto el tipo de cáncer como el enfermo.  

Un primer paso consiste en determinar los objetivos del tratamiento. El objetivo principal suele ser curar el cáncer o prolongar de forma significativa la vida del paciente. Otra meta es mejorar la calidad de vida del enfermo ayudándole a tener un bienestar físico, psicosocial y espiritual adecuados y mediante cuidados paliativos en las fases terminales. 

En el caso de Angela, pasados los meses y análisis se decidió, primero, por la quimioterapia, y más adelante por tratamiento hormonal. 

La falta de apetito, los cambios en el gusto y las dificultades para consumir determinados alimentos son algunos de los efectos que pueden experimentar las personas con cáncer, precisamente en una etapa en la que el organismo necesita suficientes nutrientes para preservar su estado nutricional y su masa muscular.  

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) enfatiza en la importancia de la prevención de la desnutrición en los pacientes oncológicos, ya que su estado nutricional condiciona la tolerancia a los tratamientos, las posibles complicaciones, así como su supervivencia y su calidad de vida. “Hasta el 80% de los pacientes con cáncer puede sufrir desnutrición”. 

De acuerdo con la Sociedad Europea de Nutrición Clínica y Metabolismo (ESPEN, por sus siglas en inglés), durante el tratamiento oncológico algunas personas pueden necesitar un mayor aporte de proteínas y calorías.  

Por su parte Angela, siguió perdiendo el apetito, y en una primera etapa, no percibía el sabor de la sal. Aunque ella estaba acostumbrada a comer bajo de sal, por su hipertensión, con el tratamiento todo “estaba insípido”.  

Un par de semanas después, todo le sabía salado, así el alimento estuviera correctamente preparado. Y para sumar su condición, también empezó a sentir bebidas normales como café y chocolate, amargos, y otras bebidas las evitaba porque decía que estaban muy dulces.   

En este contexto, alimentos como la leche, el yogur y los quesos toman más fuerza en su dieta, al contribuir al consumo de nutrientes esenciales, siempre como parte de una alimentación diversa y ajustada a las condiciones de cada paciente. 

La proteína: un nutriente clave durante el tratamiento oncológico 

Uno de los principales desafíos nutricionales de las personas con cáncer es preservar la masa muscular.  

La enfermedad y algunos tratamientos pueden generar cambios metabólicos, inflamación y dificultades para alimentarse, factores que favorecen la pérdida de peso y masa muscular y pueden afectar el estado nutricional. 

Una revisión científica publicada en 2022 en la revista Clinical Nutrition, elaborada por expertos internacionales en nutrición oncológica, señala que las necesidades de proteína pueden aumentar durante el tratamiento.  

También destaca que las recomendaciones alimentarias en esta etapa muchas veces se basan en la prevención del cáncer y no en las recomendaciones durante el tratamiento. 

“Durante el tratamiento del cáncer, la alimentación es una parte fundamental del cuidado integral. No se trata únicamente de comer suficiente, sino de garantizar el aporte de energía y nutrientes que el organismo necesita. Las proteínas son especialmente importantes para mantener la masa muscular, por lo que debemos prestar atención a su cantidad, calidad y fuentes alimentarias, siempre desde una evaluación individual”, explica Ricardo Merchán, nutricionista del Centro Latinoamericano de Nutrición (CELAN). 

¿Qué aportan los lácteos? 

Los lácteos son una de las distintas fuentes alimentarias de proteína que pueden contribuir a cubrir estos requerimientos. Productos como la leche, el yogur y los quesos aportan proteínas de buena calidad, que contienen aminoácidos esenciales, además de calcio y otros nutrientes necesarios para el funcionamiento del organismo. 

El calcio también cobra relevancia en determinadas personas con cáncer de seno, cuyos tratamientos hormonales pueden afectar la densidad mineral ósea. Aunque este nutriente es necesario para mantener la salud de los huesos, su consumo por sí solo no previene las complicaciones asociadas a estas terapias. 

Otra ventaja de los lácteos es su versatilidad: pueden incorporarse en bebidas, cremas y preparaciones de diferentes consistencias, ofreciendo alternativas cuando existen dificultades para alimentarse. 

“Los lácteos nos permiten incorporar nutrientes importantes, como proteína y calcio, de distintas maneras en la alimentación cotidiana. Hoy contamos con una categoría diversa y con innovaciones que amplían las opciones nutricionales disponibles. Desde Alpina queremos acercar este conocimiento a las personas y mostrar cómo los alimentos pueden contribuir a una nutrición adecuada, considerando las necesidades de cada persona”, señala Paola Yanquén, gerente de Asuntos Regulatorios, Alimentarios y Nutrición de Alpina. 

¿Cómo adaptar la alimentación cuando comer se vuelve un desafío? 

La Fundación Santafé de Bogotá reitera que el abordaje nutricional adecuado permite prevenir complicaciones, mejorar la respuesta terapéutica y preservar la funcionalidad del paciente, por consiguiente, se busca de manera individualizada según diagnóstico y tratamiento: 

• Prevenir y tratar la desnutrición, sarcopenia y caquexia. 

• Mantener o mejorar el estado nutricional y la masa muscular. 

• Optimizar la tolerancia a los tratamientos oncológicos. 

• Reducir complicaciones y hospitalizaciones. 

• Mejorar la calidad de vida. 

Además de identificar los nutrientes necesarios, es importante encontrar maneras de incorporarlos a la alimentación. 

Entre las recomendaciones se encuentran: 

  • Cuando disminuye el apetito: consumir porciones pequeñas y frecuentes, priorizando alimentos que aporten energía y proteína. La leche y el yogur pueden incorporarse en batidos o cremas, según la tolerancia individual. 
  • Cuando aparecen molestias para comer: adaptar las texturas y humedecer las preparaciones con salsas, caldos o yogur puede facilitar su consumo. Las dificultades para ingerir la comida requieren una valoración profesional. 
  • Cuando cambia la percepción de los sabores: explorar diferentes combinaciones, temperaturas y preparaciones puede ayudar a encontrar opciones más agradables para el paciente. 

Alpina destaca el valor de los lácteos como fuente de proteínas, calcio y otros nutrientes que pueden contribuir a una alimentación adecuada durante el tratamiento, siempre de la mano de una orientación médica y nutricional especializada. “Estas recomendaciones deben ajustarse a cada persona. Por ejemplo, quienes presentan intolerancia a la lactosa pueden evaluar alternativas deslactosadas, mientras que otras condiciones pueden requerir restricciones específicas”, explica  Paola Yanquén. 

Una alimentación suficiente, diversa y adaptada a las necesidades individuales es parte fundamental del cuidado integral de las personas con cáncer.  

Angela sabe que alimentarse bien significa comer una variedad de alimentos para obtener los nutrientes que su cuerpo necesita para luchar contra el cáncer. Estos nutrientes incluyen proteínas, grasas, carbohidratos, agua, vitaminas, y minerales. Además, es rigurosa con el tratamiento, pero no asiste a Yoga ni a reunión con amigas, pues su estado de ánimo varía. Ella, como muchos pacientes no deben estar solos; su familia y el sistema médico les ayudan a superar la enfermedad y tener una mejor calidad de vida. La red de apoyo empieza en casa.   

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